sábado, 3 de julio de 2010

PRÓLOGO

Toño Jerez: un poeta en eterna adolescencia.

Yo nunca he querido saber la edad real de Toño Jerez. Nunca se debería saber la edad de los poetas. Pero en su caso concreto, por razones de peso. Tenga la edad que tenga, Toño Jerez es y será (es decir, ojalá sea) un eterno poeta adolescente, un poeta joven en la más estricta acepción del epíteto. El verdadero calendario de los poetas son sus versos, que están llenos de solsticios, equinoccios, días festivos, años bisiestos, y otros accidentes de metafórica periodicidad. De ahí que ni el rostro imberbe, ni la canicie, ni el documento de identidad de un poeta, dan una información tan fiable para calcular su edad como sus versos. Cada poema escrito es resto fósil de una vivencia fósil de un tiempo fósil, y, aquel perito que sepa escarbar entre vocablos enteros, o letras sueltas, u otros signos gráficos, podrá descubrir a qué siglo pertenece la voz del poeta en cuestión, e incluso si ese poeta está vivo o ha muerto. En el caso que nos ocupa (Toño Jerez, Almería, s.f.) estamos hablando de un poeta vivo, bueno… vivo no, vivísimo, en plena adolescencia creativa. Su poesía es vitalista, intrépida, ingenua a veces, alejada de modas y tendencias, poesía dictada por el impulso natural e inevitable de ponerle voz o darle nombre a todo cuanto constituye su burbuja existencial, su yo pensante. He aquí otra vez aquel “nombrar las cosas” de Eliseo Diego. La génesis. La exégesis. El juego deífico del creador-recreador, del niño que moldea plastílicamente la realidad y la convierte en otra, convencido de que su realidad ficticia es tan real, o más, que la realidad real de los periódicos. No por gusto Toño Jerez colabora con la prensa almeriense desde hace algunos años, y alumbra con sus versos tanta noticia lúgubre. La vida cruda es una fuente nutricional de sus poemas, y tal crudeza le permite aderezos atrevidos, e invenciones que escapan a veces a su propia voluntad, como sucede con los niños cuando intentan dibujar un caballo y les sale un perro, pero ellos siguen tan felices, convencidos de que ese perro galopa y relincha mejor que los equinos de otra gente.
Decía Rilke en su carta a un poeta adolescente que “la mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca holló palabra alguna”, y tenía razón, por supuesto. He aquí el reto del poeta y una de sus juegos preferidos: hollar con sus palabras ese recinto misterioso. “Y más inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura”, continuaba el poeta praguense, para luego aconsejar a su joven interlocutor “dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad”. Y es esa humilde sinceridad otro de los rasgos poéticos que encontramos en la obra de Toño Jerez, sin saber, a ciencia cierta, qué pesa más en este caso: el carácter humilde de la sinceridad, o el carácter sincero de la humildad poética. Y fíjense que hablo de humildad poética, no personal, porque quienes conocemos a Toño Jerez, o quienes lo conozcan a partir de ahora, vemos en él (o irán descubriendo) la fuerza arrolladora con que defiende sus poemas, la risa satisfecha y traviesa con que disfruta sus propios hallazgos, y esto les puede parecer, incluso, poco humilde, diríase ostentoso, convencido como está el poeta-niño de que su plastilina es la mejor para hacer el caballo que pretendía hacer, y no otro. Pero esto es engañoso. La humildad personal no tiene nada que ver con la satisfacción real y plena del creador poético, del mismo modo que el autoreconocimiento no tiene, obligatoriamente, que estar ligado con la pretensión. Ya lo dijo Spinoza: entre verdaderos amigos la pretensión no existe, y una de las ricas y complejas dualidades que da la poesía, el ejercicio de la poesía, es que el autor puede llegar a ser, y casi siempre es, amigo de sus textos. El poema es el mejor amigo del poeta, y viceversa: reinterpretación o actualización de aquella hermosa frase de Jaime Gil de Biedma: “[Yo] creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema”. ¿Y para qué?, preguntamos nosotros. Pues para eso, para poder ser amigo de otro poema, diría Gil de Biedma. ¿Las personas del verbo no podrían llegar a ser los verbos en persona? ¿Gramaticalidad y personalidad? Los verbos se conjugan, se enlazan, se juntan; y las personas se juntan, se enlazan, se conjugan. El texto del poema se independiza del poeta y hace su propia vida, su propia red de amigos (sus lectores) sin que el poeta pueda evitarlo ni condicionarlo. Como sucede con los hijos, ni más ni menos. Pero el poeta no quiere ser el padre del poema, o mejor no quiere que el poema sea su hijo, sino su amigo, para poderle hablar de tú a tú, sin límites. Y si el poema no puede ser persona, entonces, el poeta sí quiere ser poema. Transferencia de género, de esencia, transmutación de voluntades estético-afectivas. Metáfora de la metáfora. Juego muy serio para ser irreal. Realidad lúdica y travestismo psicológico, en los que el poeta (ya sea un eternamente adulto Gil de Biedma, o un eternamente joven Toño Jerez) es humilde y a la vez sincero, confía en el poema tanto como en él, se tutea con él, lo mima, se emborrachan juntos. Y así, borracho de emociones y yéndose de copas con sus propios poemas (sus mejores amigos, noté desde el principio) conocí yo a Toño Jerez, hace ya algunos años, y me pareció entonces lo que aún hoy me sigue pareciendo: un niño grande que habla en endecasílabos como otra gente habla en andaluz o en catalán. Yéndose de copas con un soneto blanco, con una poema social, con un epigramático canto a las ciudades que más lo han marcado; fumándose un cigarro con un poema más largo que Julio Cortázar (flaco, además, como el bardo argentino); bebiéndose un buen ron con un poema gordo como Lezama Lima; y a sus amigos de once sílabas les habla apasionado de Cernuda, y menos apasionado de García Lorca, y apasionadísimo sobre sus propios versos, todo él entregado a un ejercicio de sinceridad emotiva que, por desacostumbrado, asusta a los poemas, escandaliza al prójimo.
Toño Jerez es un poeta de emoción profunda, y a la vez contenida, aunque esta contención quede disimulada, desdibujada por la efusión con que se entrega al ejercicio poético. Y es, como todo buen fotógrafo, un eternizador de momentos fugaces. Decía el poeta cheko Jan Sjacel: Los poetas no inventan los poemas / el poema está en alguna parte ahí detrás / desde hace mucho tiempo está ahí /el poeta solamente lo descubre. Y eso es precisamente lo que logra Toño Jerez con su lente-palabra: descubrir el poema, darle voz a la imagen, pero una voz propia, con música inusual, con los afeites necesarios solamente. (¡Ah, los afeites! ¡cuánta confusión crea en la poesía contemporánea el vicio de podar en busca de la esencia! ¡Cuando poema mondo, rapado, afeado en todo su esplendor emotivo!)
Uno de los peligros de todo poeta es quedarse encerrado en el paladeo de su propia voz; Toño Jerez lo sabe, y comparte su gusto por la palabra poética con sus amigos humanos (con sus otros amigos, los poemas, no lo comparte, sino que lo reparte, lo parte a medias), como quien comparte un pedazo de pan recién horneado. Y este pan recién horneado que yo, amigo humano de Toño Jerez, degusto ahora, se titula La memoria del agua, y está compuesto por disímiles poemas y algunas fotos, que, a modo de primera antología, o compendio inicial, recoge su producción poética de los últimos años (es decir, de sus primeros años de poema que escribe).
La memoria del agua es un poemario extenso, pluritonal, en el que nada escapa a la mirada noctámbula y sincera de este joven poeta almeriense. Su poesía es un acercamiento, desde el asombro, a todo aquello que le rodea y seduce. Y es precisamente el asombro, o más bien, la capacidad de asombro, esa cualidad indisolublemente ligada a la infancia y a la juventud –puericia y pubertad poéticas en este caso– otra de las cualidades poéticas y personales de Toño Jerez. Esa capacidad para asombrarse cada día ante el mismo paisaje, la misma situación, el mismo sentimiento; esa capacidad para reproducir el asombro convertido en poema, no son comunes en los poetas jóvenes, y auguran en el caso que nos atañe, largos años de creación poética, de goce y regocijo con las palabras.
Nunca antes había conocido yo, viajero trashumante e incansable por los espacios más heterodoxos de la poesía (desde los lindes de la escritura hasta los más intricado laberintos de la oralidad: el repentismo) a alguien, poeta o consumidor de poesía, que hablara con tanto entusiasmo del hecho poético, que casi le da corporeidad a la palabra, que se refiere a los poemas (o a algún verso suelto), con el mismo entusiasmo y la misma vehemencia efectiva con que otro cualquiera de su especie habla de un edificio, una prenda de vestir, un coche, algún paisaje. Sí, esa es, creo, la frase exacta: “vehemencia afectiva”. Pero entendamos bien: su vehemencia afectiva es por algo tan etéreo y subjetivo como la palabra poética. Toño Jerez dice: “oye, mira qué verso”, “mira esto, qué metáfora” y tal parece que la toca, la paladea, la huele y degusta. Para Toño Jerez la poesía es comestible, bebible, respirable y eso se nota en la pasión con que defiende sus propios versos, o los versos ajenos que le han estremecido. Repito: nunca antes he visto a un poeta con ese entusiasmo por un poema, verdadero jolgorio que tal vez a los otros –poetas o lectores– nos quede (o pueda parecer que nos queda) ridículo, pero que en Toño es parte consustancial de alguien que respira y transpira a través del poema. No teme Toño expresar su emoción ante un buen verso, gritarlo y aplaudirlo, como no teme el hincha de un equipo de fútbol aplaudir el buen gol, o el amante elogiar la belleza de la amada, y es precisamente por eso, porque para Toño Jerez la poesía es a la vez amor y esfuerzo físico, goce y gozo, pasión y desenfreno, fanatismo y lujuria, lírica y épica, desnudez, adrenalina, sudor, fruición, ridiculísimo harakiri público, exhibición sin miedo de fortaleza débil y credo en la palabra.
Recuerdo ahora aquellos versos de Pessoa (cito de memoria): “Todas las cartas de amor son ridículas […] sólo el que no escribe cartas de amor es verdaderamente ridículo”. Los poetas actuales (tomando como actualidad el siglo XX y lo que va del XXI) viven (vivimos) parapetados tras una pose intelectual y elitista que nos impide disfrutar hasta la desvergüenza la creación poética. De la misma manera que la sociedad con sus lecciones de buenos modales y reglas de conducta, impide desde hace mucho tiempo actos personales de indiscutible disfrute, el poeta se ve amordazado por la racionalidad y la academización del acto poético, hasta tal punto que nos parece impúdico hablar de poesía en público, mucho más leernos a nosotros mismos en voz alta, muchísimo más exhibir, regalar, o mostrar satisfacción por nuestros propios poemas.
Decía Rilke que “las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer”. Y todo aquel que se dedica al creación poética lo sabe. Ni fáciles ni comprensibles. Por eso todo acto de creación en verso es, ante todo, una temeridad, un reflejo insensato, pero en la insensatez del hecho radica su encanto, y en la peligrosidad de dicho encantamiento su grandeza. De ahí que yo me congratule tanto cada vez que descubro, o me presentan, a un nuevo poeta, a otro insensato y temerario funámbulo de la palabra, hacedor de emociones, cazador de vivencias, degustador de las metáforas. Y creo que he encontrado, al fin, la frase definitoria para hablar del autor de este libro. Sin duda. Toño Jerez es, antes que nada, antes que poeta y fotógrafo amigo y poema, un degustador de las metáforas. En sus poemas se nota un previo ejercicio de lector contumaz, y de aprendiz de brujo, años de entrenamiento lector que ahora de cómo resultado plusmarcas líricas de una base cada vez más sólidas. Toño Jerez gusta de paladear lo mismo que genera, o viceversa, genera con naturalidad aquellos recursos poéticos que, desde muy temprano, ha estado paladeando:

Amaneció de noche
Y las calles volvieron con retraso
Del trasiego nocturno.
(De “Calles flacas”)

Del mismo modo canta a su ciudad, Almería, con un sentido de pertenencia que trasuda cierta melancolía, y que recuerda una tradición poética mediterránea que ha dado nombres tan excelsos como Kavafis o Rafael Alberti:

Mi ciudad permanece anclada al mar
Este Mediterráneo que la invita…
(De Discurso del viento)

Pero es la suya también una poesía responsable, seria, mira-de-frente, una poesía que esquiva el ombligismo escapista de algunos de sus contemporáneos para detenerse en las zonas más ríspidas de la realidad:

Nuestro sur es el norte, el alimento
de los desheredados, los que callan
un silencio de plástico y banderas…
(De Discurso del viento)

Esta es también la Almería del poeta, ciudad anclada al mar, pero también al plástico, ciudad que ha generado una nueva metáfora (mar de plástico) con una naturalidad perversamente fácil y que no deja indiferente al poeta que sueña, capta, escribe y suda rodeado de la paradójica realidad del desarrollo agrícola y el submundo laboral inmigrante.
Su gusto por la metáfora a veces pudiera parecer excesivo, pero esto es algo natural en esta etapa de juventud poética por la que ahora atraviesa Toño Jerez. Me recuerda mi sorpresa y emoción juveniles con las poéticas de César Vallejo, Jorge Carrera Andrade, Leopoldo Lugones o Herrera y Reissig, todos verdaderos maestros del metaforismo, alguno más avezado que otro, alguno más vanguardista que otro, alguno creacionista puro, demiurgo para quien el idioma no parecía tener límites. (Lugones afirmaba que la metáfora era el elemento esencial de la poesía.) Toño Jerez, salvando las distancias, por supuesto, juega también a demiurgo verbal, siguiendo a otros maestros, sus tan cercanos Miguel Hernández, Vicente Alexandre, Pablo Neruda o Blas de Otero, llenando de resonancias líricas su áspera niñez de barrio bajo, cerca del mar y el puerto de Almería, barrio de pescadores donde el agua fertilizaba la memoria, y la memoria, como en juego de reciprocidades, aprendía a nadar y a flotar, a sobrevivir entre la sal y la espuma. En ese ambiente (peces, jabeques, redes, arena, barcazas) el poeta pescó versos, imágenes que conformaron su imaginario y marcaron su destino; encontró voces que, de tanto leerlas-escucharlas, lo enseñaron a hablar con el ritmo del agua: líquida nemotecnia que ahora se nos devuelve convertida en libro. Hurgando, escarbando en su versos, salen a flote, como restos de un bendito naufragio, la voz de otros poetas, o no la voz, si no los restos de la voz, a veces palabras, a veces giros sintácticos, a veces metáforas en estado puro.

Dice nuestro poeta:
los jabeques pescan la luna en los olivos […
las azoteas beben un viento verde…
(De “Paz vegetal”)

O descubre-describe la cosmopolita Barcelona:
encontramos pintores con el párpado metálico, poetas sin atril…
(De “Ingrávidos”):

O los versos estremecedores de su poema sobre la realidad de los inmigrantes africanos en suelo almeriense:

Hoy ha descarrilado el sol…[…]
Tuvo lugar su muerte cuando un niño
Acunada sus lunas en un cubo
Lleno de mar y sueños imposibles
(De Libélulas sin voz)

He aquí una muestra del buen usa de la metáfora, no un mero juego de palabras, no un afectado juego de resonancias vanguardistas. Borges diferenciaba claramente entre “verdadera metáfora”, y “juego de palabras”, poniendo como ejemplo sublime de lo primero, la metáfora heraclitana del hombre, el río, el agua, el imposible acto de bañarse dos veces en la misma agua, una frase-poema-filosofema donde la metáfora introduce o significa temporalidad, y en la que el tiempo, el hombre, el agua y la potencial (e imposible) repetición del acto de bañarse, se confunden en una circular e infinita intención poética, juego de espejos y no de vocablos, alucinante puesta en escena de la metaforicidad.
Yo que provengo de (y sigo inmerso en) el mundo de la oralidad, siempre me he preguntado por qué ese apego de los poetas populares por la metáfora, gusto y regusto, disfruto consumidor y éxtasis creativo. Y ahora me doy cuenta de que no solo los poetas populares (casi siempre de extracción rural), ponderan y degustan las metáforas, sino que este recurso retórico es también el preferido por los poetas jóvenes. Luego, en la primera adultez y en la adultez mayor, el placer poético se traslada hacia otras zonas del entendimiento, y entonces emergen otra poéticas menos “estridentes”: los poetas reposados de reflexiones firmes y voz queda, los Gil de Biedma, los Pessoa, los Borges, los Machado. Así, todos los poetas jóvenes son cazadores de metáforas; por eso no debe extrañarnos el apego de Toño Jerez a este juego de espejos, no de palabras, algo inherente a esta su etapa de eterna adolescencia.
Aunque no solo de metáforas vive el poeta. No le es ajeno el recurso de la enumeración caótica con orden anafórico (algo tan vallejiano, ¿no?):

los que nunca bajaron de la nube,
los hippies urbanitas,
los que fundieron su alma,
los que gastaron sus lágrimas,
los que parieron risas a granel,
los exploradores atrevidos,
los que nunca salieron de casa,
los sin viento,
los sin tierra,
los sin dios
(De “Los que salieron del mar”)

Tampoco esquiva los temas difíciles o escabrosos, como en el poema “La voz perdida”, a su amigo José Antonio Sánchez Almécija:

La senda que conduce a la narcosis
Tiene tan despoblados los paisajes
Que la luz ya no duerme en el silencio;
Se mantiene despierta hasta la noche…

poema éste de honda sentimentalidad, en el que la música del verso endecasílabo tiene una función casi analgésica, y el poeta se desdobla en doliente y dolido, y la primera persona del singular deja entrever, no sabemos por qué, una tercera persona, e incluso una segunda, de modo que el lector, tú lector, yo lector, conoce, conoces, conozco la oquedad de vuestros líquenes / su breve intimidad /la voz perdida, como el poeta, como el amigo del poeta que ha inspirado el poema.
He aquí un poemario de juventud, dicho así, sin miedo, lo que no quiere decir que sea un poemario inmaduro. Me consta que a la mayoría de los poetas nos gusta más, y agradecemos mucho más incluso, que se nos hable de etapa de madurez, de poemario maduro, de “una sólida voz” forjada por los años. Pero yo prefiero insistir, con vehemencia afectiva, para no ser menos, en el carácter iniciático y personal de este libro, en la presencia de un espíritu inquieto, joven, entusiasta, con los niveles necesarios de insensatez y temeridad para llegar a ser un poeta mayúsculo. Y terminaré citando de nuevo al eternamente joven Rilke: “Por ser usted tan joven, estimado señor, y por hallarse tan lejos aún de todo comienzo, yo querría rogarle, como mejor sepa hacerlo, que tenga paciencia frente a todo cuanto en su corazón no esté todavía resuelto”. Conserve, pues, amigo Toño, las dos cosas que han sido vitales para este primer libro: la memoria y el agua, la intrepidez y el ímpetu poéticos.

Alexis Díaz-Pimienta



VENAS DE ALQUITRAN

La ciudad no duerme,
permanece instalada en ese insomnio eléctrico
del hombre, desconocedor de la palabra almohada.

Alejada de la inconsciencia
sus calles sueñan con la lluvia de octubre,
en la que dormitar ajena a los paraguas.

La ciudad es una cicatriz
dolorida en su costura de asfalto,
tiene la piel llena de símbolos incultos.

Desconoce a sus habitantes,
esos caminadores veloces sin voz
vestidos de urgencias solemnes.

La ciudad amanece despacio
sin querer despertar de un sueño inconcluso,
intentando respirar en sus parques.

Es carne compungida
rasgada por ruidos y anoréxicas excusas,
extemporáneos motivos heridos de muerte.

La ciudad no habla,
su voz es un enjambre débil de pisadas,
hambriento discurso de transeúntes aturdidos.

Sus venas de alquitrán
portan pinturas de guerra, meras excusas
para el festín enloquecido de sus inquilinos.

La ciudad tiene las manos llenas
de juicios de hormigón y metal,
efímero crisol de cristales que reclaman abrazos.

Son el torpe beso a la tierra
de esta humanidad enloquecida,
insomnes moradores de pequeñas cicatrices: las ciudades.

LISBOA

Lisboa es un crisol de luces,
empedrados caminos de miradas y asombros.

Dicta Rossio el latido de la ciudad
caminando sus venas a Praça do Comercio.

Avenida da Liberdade suplica sosiego
a sus hijos, enardecidos cabalgadores del asfalto.

Lisboa es un fragmento de vida
desvestidos paisajes hambrientos de luz.

Se mezcla el jazz del café Nicola
con el alma, las risas y el ron.

La mira el Castillo San Jorge,
vigía y faro de sueños y besos.

Lisboa es un palpitar de tranvías,
una senda de metal y mar enloquecida.

No duerme, permanece insomne,
absorta en el quejido de su canto.

La enlutada voz que no deja dormir la noche
recorre sus aceras como un susurro cálido y triste.

Lisboa es un fado recostado en el Tajo
que besa un atlántico bravo y salado.

CALLES FLACAS

Amaneció de noche
y las calles volvieron con retraso
del trasiego nocturno.

Lisboa era un gemido lacerante
-el exacto sonido del dolor-
sobre el bocado de la lluvia amarga.

Alguien dibuja un esqueleto y llora
sobre los adoquines de Nicola.

Rossio siempre huele a fado,
es un lamento enlutecido y triste,
una voz derrotada en mi garganta.

Anocheció de día
y las pupilas no quedaron mudas.

DISCURSO DEL VIENTO

Mi ciudad permanece anclada al mar,
este mediterráneo que la invita,
y ella recibe el beso de la sal.

El acepta su lengua mineral
Irguiendo su esqueleto ya oxidado,
memoria del pasado mercantil.

El grito libertario que celebra
a los republicanos olvidados,
con voz de mármol blanco clama al cielo

El sol, es carcelero de los días
viste de luz su agreste piel marrón
donde mora el calor y el regocijo.

La lluvia es siempre efímera ocurrencia
nunca interrumpe el ritmo a las aceras,
no detiene el camino de la arena.

Sólo el viento amordaza transeúntes,
traviesa revolera de mi sur,
el viento y su discurso inagotable.

Mi apasionada tierra permanece
absorta en enlutadas soledades
y un palpitar sediento del desierto.

Nuestro sur es el norte, el alimento
de los desheredados, los que callan
un silencio de plástico y banderas.

Para los olvidados es amparo,
el abrazo fraterno de un crisol
de almas esperanzadas y de sueños.

Dibuja caracolas este sur,
sus risas en mi piel incinerada:
Almería, salado manifiesto.

PASEO DE ALMERÍA

La senda que conduce al mar detiene
el viento en las palabras del viajero.

Sujeta las urgencias y derrota
los delgados relojes de las prisas.

Es un bazar con cuerpo de zaguán
para estos mercaderes con escamas.

La senda que conduce al mar encarna
el palpitar humano del asfalto.

De aquí parten los sueños y regresan
las nostalgias del norte a mendigar.

Se compra la fortuna, se comercia
con la suerte en minúsculos atriles.

La senda que conduce al mar padece
el rugido metálico del hombre.

En su piel la subasta de abalorios
deja una cicatriz de miedo y hambre.

Soñó ser zoco pero el cielo quiso
abrir la oscuridad: azul mandato.

La senda que conduce al mar no falta
a su cita imposible con el alba.

INGRÁVIDOS

A Barcelona

La prueba más veraz de la impostura
del arte habita en el insomne beso
del asfalto que duerme en nuestras calles.

Encontramos pintores con el párpado
metálico, poetas sin atril,
músicos, escultores, -gratuidad
sin escoplo ni piedra-, silenciosos
mimos de gesto efímero.

Permanecen ingrávidos ajenos
a las tristes esquelas del mañana.
Desvestidos de patrias y banderas,
tienen los ojos encendidos, brillan
bajo el cielo de azufre.

La ciudad solo puede respirarlos
a través de ventanas y balcones.
Son los titiriteros del doloso
alquitrán, los que rompen las rutinas
de plástico y cemento.

Qué sería de ramblas y avenidas
sin el amargo arpegio arrabalero
que entregamos al viento cada día.

PAZ VEGETAL

Sonó absolutamente vertical
el gemido que puso precipicios
por calles donde los jabeques pescan
la luna en los olivos.

En la altitud las azoteas beben
un viento verde
en fugaz retirada de los campos;
allí duerme la plata
y anida el azabache
sobre las flores muertas.

Jaén es un coturno colorista,
un piélago trenzado
de paz vegetal.

GRANADA

Granada tiene nombre de tormenta
de otoño, de hoja seca en la mirada
y en la triste memoria del viajero.

Es un tren remendado por silencios
y resacas de lunes por la tarde,
un gesto adolescente sin urgencia.

Granada es una calle de aire turbio,
sabe a membrillo dulce, a plata vieja,
es un llorar de flacas plataneras.

Duele el estómago pensar en ella;
cuando noviembre anuncia su discurso
se tornan amarillas las pisadas.

Granada es una voz de Alhambra, un gesto
en la mirada del que escucha el canto
nocturno con olor a Sacromonte.

Allí resuena un plúmbeo llanto oscuro
guarda el sonido triste y desgajado
de versos fusilados en los labios del alba.

Granada es eso, una lluvia lenta,
habitante del sístole metálico
que padezco al cerrar este poema.

LIBÉLULAS SIN VOZ

A los inmigrantes y sus muros

Hoy ha descarrilado el sol, de noche
su tránsito hacia el alba se detuvo.
Ha quedado su cuerpo roto y solo.

Subastan el cadáver, mercaderes
de luces y sonrisas, comerciantes
con razones metálicas, vacías.

Beben su amarga sangre los chiquillos.
Se visten con arena nuestros árboles.
Han sido detenidos los abrazos.

Atormentan el aire, la estridencia
de sirenas azules, su mentira
intermitente, excusa lacerante.

Tuvo lugar la muerte cuando un niño
acunaba sus lunas en un cubo
lleno de mar y sueños imposibles.

Quedan los girasoles moribundos
enlutado este llanto vegetal.
Inerte es el latido de la savia

Perdida la memoria de la mar
adormecen sus olas el lamento,
recuerdo luminoso de la sal.

Se desnudan los gritos suplicando
en la negra azotea de mi cielo.
Moribundas libélulas sin voz.

Hay pieles azabache escapando,
corren acariciando las farolas.
Efímero propósito de luz.

Hoy ha descarrilado el sol, se muere.
Imposible olvidar este silencio
de barro, de cadenas y de hambrunas.

Primer Premio
en el X Certamen Poético Carolina Coronado – Madrid

ESCRIBO

Escribo -soy de aquellos que han probado
la derrota en la carne dolorida-,
mi verso al desolado.

Los sin nombre, ignorados por la vida,
Héroes cotidianos del forzado
corazón y su herida.

Escribo a los que albergan la esperanza,
cada día, de alzar en su regazo
la luz y su bonanza.

Los sin tierra, sedientos del abrazo,
carpantas de una piel dada en fianza
que no muestre rechazo.

Escribo al indigente del asfalto,
alquimista de vino y soledad,
perito del asalto.

Al sin techo, inquilino sin edad,
viajero mal mirado del basalto
agrio de caridad.

LOS NADIES

Una bandera es sólo un territorio
para el dolor.
La tela ensangrentada no es regazo,
solo da pena.
Es una lacerante excusa
llena de muertos.

No necesita símbolos
la desnudez del hombre,
ni fratricidas himnos
ni maternal frontera.

La carne no tendrá nunca color
ni amargos documentos que atestigüen
legalidades.

Y ahora griten, muerdan este canto
agiten sus insignias, canten todos,
cuenten los muertos, recen y detengan
versos, canciones, voces discordantes.

Fusilen la belleza, sepulten la ternura,
negocien el terror de los sin nombre

METAL ESTREMECIDO

El nuevo siglo
ha comenzado próspero,
ya que incluso la muerte
usa pantalla inocua de plasma anestesiado.

Las guerras son on line
quizás mucho mejor ya que evitamos
los minutos basura
-esos en los que nunca muere nadie-;
y pasamos al bang de los misiles
vemos como las casas son destruidas
sus habitantes calcinados,
observamos el hambre descreídos
de una miseria tan lejana,
que ni enoja ni duele.

Pero el hombre del nuevo siglo
no tiene un corazón de acero,
porque incluso el metal
se encuentra estremecido
ante el horror de los humanos.

HABANECE

Amanece dormida,
el malecón bosteza
un buenos días leve
-susurra las palabras-
para no despertar
la mar y su cadencia.

Alborea despacio
y los sueños caminan
con la máscara puesta
sin querer levantar
las dulces ilusiones
de los ojos que lloran

Llega el alba, y las calles
se llenan de esqueletos
que mudos pedalean,
bailan al son amargo
y flaco, tan mezquinos
que pintan las sonrisas.

Esclarece delgada
y su vientre se llena
de barcos, despedidas
y adioses sin azúcar.
No hay ron que narcotice
la herida y su tristeza.

Habanece… en la Habana.

LOS DEL ALBA

Hoy las viudas bailan con la historia,
se desvisten del plomo, de los años perdidos.

Tienen los fusilados el son dulce
y los ojos abiertos de asombrada sonrisa.

Hoy mientras tu discurso se diluye
las palabras retornan como un desnudo arpegio.

Regresan los del alba, descreídos,
ebrios de luna y ron. Te piden dos monedas.

No mueren los relojes, ni los días
desamanecen.

No sueña el malecón con la tristeza
de tu garganta.

CEGUERA

En el sur
los hombres ya no esperan las caricias,
sus brazos son silentes pasajeros
de un cuerpo estremecido y derrotado.

Los sin nombre
esos caminadores desnutridos
de sonrisas, no entienden las palabras
ni los gestos del viento que les ciega.

Solo el hambre
visita las estancias y amamanta
de muerte a transeúntes sin destino,
la estadística muda de los nadies.

TRES SILENCIOS

Descienden de sus brazos los oscuros
colores de la noche,
se abraza a su pecho adolescente.

No detendrán las lágrimas sus piernas
y aunque su infancia rompa las pupilas
no detiene la fuga,
ni le importa el dolor de las aceras.

Sostiene tres silencios en sus manos
y un muerto que respira.
Escapa hacia la nada.
acaba de matar a un hombre.

FUTURO ROTO

A Lucien Badjoko

Mi nombre es ninguno
tengo doce años flacos,
habito este fusil desde los siete,
no sé por quién disparo
ni conozco la patria de los muertos.

Esnifo coca y pólvora mezclada
antes de comenzar cada combate,
el sabor de la sangre narcotiza
el olor de la guerra.

La losa de la muerte es mi pupitre.

MARIPOSAS

A Fernando Fernán Gómez

Allí, en la tarima
un niño de avanzada edad muestra
en el lenguaje de las mariposas,
la ternura que habita junto al odio
en el silencio de la pólvora.

PROVISIONALIDAD

No conozco un lugar
donde duerman las olas
ajenas al murmullo
de los hombres sin labios.
Por eso yo me visto
de llanto y de ceniza
y aguardo primaveras;
el miedo no es partir
de cero o menos uno.
el terror verdadero
está en no amanecerse.

Vivir no es renunciar
a reinventar los días,
ni claudicar la voz
a un discreto silencio
para luego dejarse
morir en la distancia
de estériles reproches.
Tampoco renegar
de los sueños azules
y enterrarlos en sal
para que no incomoden.

Vivir es la impostura
exacta de los pasos,
la oquedad de las horas
que traen la memoria
cotidiana del barro.
Un tránsito fugaz
como la lluvia cálida
de agosto en nuestra piel.

Somos un verso esférico,
dos discursos de invierno,
tres latidos de fuego;
un reloj transitorio
de sesenta minutos.

ANECDOTARIO

El hombre es arquitecto de fronteras,
silenciador de gritos y derrotas.

Es un anecdotario sin memoria
de páginas confusas e ilegibles.

El hombre es unas veces la ternura
y otras un espejismo de sí mismo.

Tiene la piel agreste desvestida
de argumentos que esbocen su sonrisa.

El hombre es un insomne calendario
deshilachado sobre un tapiz triste.

LOS QUE SALIERON DEL MAR

He aquí:
Los herederos del disparo rápido y certero,
los que dibujan abrazos en el aire,
los ignorados del divino,
los encontrados,
los que enrojecieron al mismísimo Shakespeare,
los que viven a saltos de renglón entre Galeano y Gabo,
los perdedores,
los que lo ganaron todo,
los del corazón en mano,
los que se amaron a gritos,
los que se gritaban en silencio,
los del zafarrancho de combate,
los hijos de la paz,
los que salieron del mar,
los que nunca bajaron de la nube,
los hippies urbanitas,
los que fundieron su alma,
los que gastaron sus lágrimas,
los que parieron risas a granel,
los exploradores atrevidos,
los que nunca salieron de casa,
los sin viento,
los sin tierra,
los sin dios,
los hijos de Eolo,
los adoradores de "maría",
los que entendieron los gestos,
los que nunca se encontraron,
los que morirían el uno en el otro,
los para siempre,
los Gara y Jonay sin motivos...

GIRALUNAS

Hoy podría crearte un giralunas.

Hoy has de saber
que las lunas que dormitan bajo tu almohada
esconden risas antiguas y besos nuevos.

Hoy me gustaría enseñarte
la belleza que reside bajo tu piel
ajena al traje de carne.
Hoy sería un buen día.
Hoy que las lágrimas tatúan tus mejillas
y donde debían habitar alegrías
residen tristezas.

Hoy te llenaría la cara de sol y viento.
Sí. Tendría que ser hoy.
El día en que te llenara los brazos de plumas
para engañar al aire,
volando sin miedo a caer.

Hoy habría que expulsar a empujones esa pena,
cambiarla por una copa de vino y mar.
Hoy dejaría tu corazón sin ropa,
dulcemente desvestido,
para caminarlo restañando lo dañado.

Tendría que ser hoy
que tu mirada está llena de lluvia.
Componerte una sinfonía de risas encarnadas
para cubrir tus ojos.

Hoy, amiga,
tendría que ser hoy
el día en que las volutas de almizcle y musk
ascendieran quemando soledades.
Sí, tendría que ser hoy...

Sin embargo,
este consorcio de espumas,
esta sociedad de risas a granel que compartimos,
no podrá reunirse hoy ni mañana.

Y aquí tengo el sol muriendo en un cenicero.

DESDE EL BARRO

Murió mi eternidad y estoy velándola.
Cesar Vallejo


Te escribo desde el barro,
desde esta sucia orgía de cristales
que cortan mis pupilas.

Te escribo sin viento,
desde esta calma sin piedad
que rasga mis alas.

Me caí, no preguntes cómo,
de repente el cielo no estaba,
la tierra muda me abrasaba.

Me miran los ojos abiertos,
encendidas preguntas sin vida
golpean mi carne.

Nadie acuna estos versos,
nacen sangrando
para estallar en la noche.

Míralos, ahí están
comiendo las últimas flores,
degollando mis horas.

Han llegado aprovechando
la perdida de altura,
ofreciéndome su néctar amargo.

El sol se escapa de mis manos,
su luz se difumina,
arden en la calle mis sueños.

Hay besos muriendo en el lavabo,
relojes con prisas olvidadas,
esponjas hundiendo barcos.

Yo también
vengo de enterrar mi muerte.

LLUVIA

A mi hermana

Es el momento exacto para echar a correr
ignorando la tormenta
y el terco viento de esta madrugada.
Dejar las huellas escritas en el callado suelo,
notario de prisas desvestidas.

Hay asfalto en las pupilas de los sueños,
el aire es de hormigón y metal.
Este pulmón se desnuda en el aire,
en cualquier esquina de viento turbio.

La carretera es interminable.
Este autobús nunca llegará a su destino,
hay demasiada sal en las maletas
y peces muriendo en el arcén.
Interminable alfombra de alquitrán y desesperación.

Cae la lluvia, inevitablemente cae.

LA VOZ PERDIDA

A José Antonio Sánchez Almecija

La senda que conduce a la narcosis
tiene tan despoblados los paisajes
que la luz ya no duerme en el silencio;
se mantiene despierta hasta la noche.

Camino por pasillos indolentes
que muestran soledades infectadas,
carente de un abrazo solidario;
no ofrece claridad ninguna celda.

Disfruto de la asepsia hospitalaria
y el anónimo beso de la droga
que envuelve la memoria de mi carne.
Soy un torpe viajero adormecido.

No conozco el dolor pero padezco
la caricia mortal del desamparo.
Las estancias inéditas que solo
conducen al hastío más severo.

De manera sombría me saluda
un oculto extranjero de la duda
y del sopor, no entiendo su discurso
ni la misericordia que me ofrece.

No tengo confesor ni absolución;
esta vida transcurre ciega y sorda,
ajena a la mirada que soporto;
he aquí la incorrección y su mordaza.

Giro verticalmente sobre el suave
matiz de mi reposo y cuento nubes,
horas deshilachadas, cruces, voces;
pero siempre detienen este cálculo.

Conozco la oquedad de vuestros líquenes,
su breve intimidad, la voz perdida.

CANDADO CIEGO

Junto a mi oscuro cuerpo
acudían bramando los silencios

Una voz no comprende
va empujando su mano
y convierte en hastío lo sembrado.

Junto a su piel dormita
la delgada y raída complexión
de un amanecer parco y somnoliento.

Es el dulce suicidio de una pupila ajena
ahora nos mira, busca en los espejos
el color de una lágrima.

Ya nadie espera el cálido discurso
del poeta. Fenecen los rapsodas,
y su inútil voz. Muere la poesía.

Ayer no regresó
pero su quemadura persistía
como un candado ciego.

XIXÓN

Xurdir, topase, la escalerona la númberu cuatro,
mares baillarines, la lluvia d´ agostu,
tremecimientos, la sal de los tus llabios, Xixón,
el café de les 10:30.h, peles tus orielles, les manes,
el Bable, los besinos, ixuxú, Llanes, tardiquina,
versu, nueche, el reinu de la to pelleya,
les hores per ñacer, les llárimes de risa, alborecer,
frases inconcluses, orpinar, fumu de almizcle,
la Xana, el Trasgu, la Serena, rebelguinos, los fios del xueves,
rescamplar, sidrina, otru culín, horru, el quesu,
les fabes, otru di más, el orbayu, cai Xovellanos,
tu reflexu ´n toos los cristales, amate, pergaminu,
repúbliques d´alloru, norte, sur, morrer nos tus güeyos,
esboligar, flores, poemas, un llugar per anigar,
gaites celtes, el soníu del vientu, deseyate abondo,
madruguexu, escribayate, los tus pasiquinos,
la ciudá dormilienta, Trubia xenda del osu,
otra copiella de ron pa espantayar a la Guaxa,
el Cuélebre, los diabrecos, el diañu burllon,
los namoraos clisen los güeyos, Mieres, borrín,
el xiringüelu, Pachín de Melás, un cielu esfalampurniáu,
ábrigu, pexes roxos, Colunga y su finxíu mercáu ,
Cangues: ponticu romanu, Tazones: puertu pesqueru.

Esguilando pela tu güeyá, asperiando el tu abrazu.


GIJÓN

Aparecer, encontrarse, la escalerona número cuatro,
mares que bailan, la lluvia de agosto,
estremecimientos, la sal de tus labios, Gijón,
el café de las 10:30.h, por tus orillas, las manos,
el Bable, los besos, las alegrías, Llanes, atardecer,
verso, noche, el reino de tu piel,
las horas por nacer, las lágrimas de risa, amanecer,
frases inconclusas, llovizna, humo de almizcle,
las Ninfas, el diablo travieso, la Sirena, cosquilleos, los hijos del jueves,
escampar, sidra, otro trago, horreo, el queso,
las fabes, otro día mas, lluvia ligera, calle Jovellanos,
tu reflejo en todos los cristales, amarte, pergamino,
republicas de placer, norte, sur, morir en tus ojos,
resbalar, flores, poemas, un lugar donde habitar,
gaitas celtas, el sonido del viento, desearte aún mas,
madrugada, escribirte, tus pasos,
la ciudad somnolienta, Trubia la senda del oso,
otro copa de ron para espantar a la Guaxa,
la serpiente alada, los diablillos, el espíritu maligno y burlón,
los enamorados eclipsan los ojos, Mieres, niebla,
el baile astur, Pachín de Melás, un cielo nevado,
viento del sur, peces rojos, Colunga y su ficticio mercado,
Cangas: el puente romano, Tazones: el puerto pesquero.

Escalando tu mirada, esperando tu abrazo.

VESTIDOS DE PALABRA

He bebido tu amargo néctar
compartido la muerte del asfalto,
sus labios de cemento
y el motor derrotado sin el rumbo
preciso, sin ternura.

He mirado los vagos cuerpos
participado siempre de la hiel
y besado el metal
de unos cuerpos sin luz desposeídos
del fuego de la vida.

He sentido el desastre breve
y el áspero motivo enloquecido
de criaturas febriles
sustentadas en dioses de papel
con alas monetarias.

He cincelado el alma dulce
de tus brazos azules.
Tomo mi libertad.
Este suave discurso de mil vientos.
Y asirme de tus alas.

He desvestido el alma, para
emprender el camino verdadero,
el trayecto preciso
que conduce a tu carne dolorida,
donde dejar mi ungüento.

INSOMNIO

Declino la autoría de estas letras;
Sin embargo, no pude retener
el pertinaz desfile de vocales
y horas, mancillando mis pupilas
cuando el reloj me indica vengativo
que son las cinco y treinta –ya no duermo-
y mi dolor de muelas no remite.

No busquen damiselas desmayadas
-nunca he sido doctor en estos versos-,
tampoco encontrarán amores duros
ni afilados propósitos sociales,
no hay gritos que despierten las conciencias.
Es tan solo un paisaje endecasílabo
e insomne de una larga madrugada.

AMANECERES

No necesito mas trinchera que el amor
para ganar esta guerra de soledades
que atenaza la garganta de los transeúntes.

Vistiéndolos de miedo y lluvia
desgastando las caricias no dadas,
deshojando los abrazos en las aceras.

No concibo mas camino que la ternura
para intentar habitar una piel verdadera.
Huyendo del peso de la duda mercantil.

Pasajeros del tiempo, transitando charcos,
desvistiéndose de esta sotana de euros,
expulsando el cemento de los labios.

No creo en mas porvenir, ni futuro,
que el que habita pegado a mi piel
amaneciendo cada mañana.

De esta epidermis que se derrota
con el paso, de las lunas vividas,
de estos sueños moribundos al sol.

No conozco mas deseo, ni ansío
mas tesoro, que la emoción de estar vivo
junto a este palpitante mar que me acuna.

Estériles quedan las blasfemias
de Roma, ora Pío, ora Benedicto,
mismos anacronismos rezadores.

No preciso la verborrea adormecida
de los poderosos, rapsodas imposibles
para los oídos de los que “viven”.

Desdeño el solemne altar, la proclama
divina de la fama. Y abrazo, jugándome
la piel por seguir siendo quien vive y escribe.

VERSO DE INVIERNO

Te ha mordido el mutismo,
para dejarnos
esta afonía dolorosa, en ojos
asombrados de muerte.

Sordos de ausencia,
huérfanos de tu voz,
enmudecen de frío
porque el invierno ha llenado
tu garganta de tierra y de silencio.

Ha quedado dormida mi poesía
se han quebrado todos los versos.

AMOR SIN QUERELLAS

En tu espalda de viento
se desviste el verano,
muestra relojes, tiempos,
versos inexplorados.
Anárquicos cabellos
dispersos, derramados.

Los restos del estío
braman desde el pasado,
exhalan bebedizos
contra los desengaños;
exigen adjetivos
nuevos e insensatos.

Ahora desde aquí
poseo la distancia
su amarga cicatriz
que es la depositaria
de este amor incivil
sin querellas, ni patria.

EBRIEDAD

No pertenece a mayo
este abrazo de puertas y ventanas
de par en par, ni el canto de este día
que con plumas susurra un ritmo azul
carente de adoquines.

No son de abril las manos
que trastornan el aire, para tejer tu boca
y acabar con la voz de la afonía
que atenaza los labios de peatones
rotos y enardecidos.

Quizás es de noviembre
este gesto que expulsa el alquitrán
de pupilas opacas como el mármol,
para dejar un beso cristalino
en ojos desquiciados.

Pudiera ser febrero
el padre de estas horas sin preguntas
exentas de almanaques que enloquecen
cuando un jueves escapa con el martes
para vivir su amor.

No tiene fecha alguna la ebriedad
ni precisa de firmas que constaten
esta suave cadencia incandescente.

ASILO

Un giro, radical, súbito y seco.
La luz amordazada,
en mil tonalidades
verdes, como la piel verde de un hada.

Aquí mueren los dioses
por tentar a las guachas.
Asesinos del bosque de las Xanas
Sin piedad las mataron con sus hachas.

Me siento prisionero de la lluvia.
Estremecido celta,
buscador de las runas,
por tu voz mi garganta tengo envuelta.

Aquí mi corazón
pedirá tierra, asilo.
Y desnudo de carne y de palabra,
tu abrazo me verá morir tranquilo.

MORDAZ

Levemente caída, tú, me enseñas
la parte más oculta, ese matiz
mentiroso y mordaz de tu mirada
donde juegas lasciva e inocente.

Se aparta sin derrota la ebriedad
sustentada en papel, que narcotiza
mis sentidos de viejo trotamundos,
y rescata pretéritas tormentas.

No podría morir por esa boca.
que muestras como anzuelo distraído
a este pez rojo, terco y vagabundo;

sin embargo, este cruce de caminos
te dejará mordido el corazón
y el cebo de carmín inmaculado.

HABITARTE

Mi oficio es desvestirte,
y cubrir con palabras
la desnudez que ofreces
a este viejo pirata.

Disponer las esdrújulas
al final de tu espalda,
derramar las agudas
y romper las mordazas.

Ser una llana humilde
dormir en tu costado.
Jugar a ser el verbo
y el verso de tus labios.

Mi oficio es ser caricia
perderme entre las manos,
habitar tus pupilas,
vivir en el bocado.

Mi empleo es ser el beso
que reside en tu boca.

EL SILENCIO DE UNA MIRADA

Te ofrezco mis ojos abiertos para vivir esta vida,
un beso de tierra y lluvia,
mil noches para engañar a Morfeo.

El alba descuidada de mis torpes mañanas,
mis pasos azules que son tus pies y los míos,
el silencio de una mirada.

Madrugadas en la piel de tus labios.
Mentiras a través de una ventana.
Risas de agosto para incendiar los días.

Te ofrezco el mar y sus mareas,
la mar y sus olas de sal,
este cielo que me observa implacable.

Un mercado donde venden sueñitos,
el calor de un abrazo perenne,
el efímero habitáculo de mi traje de carne.

El sonido de una caricia dispersa.
El pronombre de tu sensación en mis horas.
Un quizás embustero y pendenciero.

La distancia entre mi boca y tu ciudad,
las urgencias derrotadas de las prisas,
el odio vencido en una esquina.

Los tejados sin vértigo de la luna,
la guerra de nuestras pieles,
los viajes de vuelta y sus maletas.

Los cangrejos con tenazas limosneras.
Este libro desdentado de poemas.
Esta noche de verano en tu casa.

Te ofrezco los latidos ajenos al reloj,
esta emoción que no entiende las despedidas,
los fados que nos quedan que sentir.

ESPALDAS

Esa caricia de tercera mano
que palpita en silencio junto al bolso,
se debe haber caído en el trasiego
de los juegos de cama.

Quedan los cuerpos rotos, desmembrados,
sobre el tapiz suave del combate.
Y en el preciso instante del silencio
caímos derrotados.

Quizás la luz opaca y dolorida
de nuestro atardecer muestre la clave
exacta del temor y su condena.
Solo somos espaldas.

DESCALZOS

Eres tú, que siendo yo,
creaste estos remolinos de viento y mar
donde los sueños crecen y nos miran.

Soy yo, que siendo tú,
obligue a las nubes a bajar a esta tierra incendiada
donde los sueños nos miran y crecen.

Somos nosotros
los que desafiamos la carne del conformismo
repleta de absurdos prejuicios y asfalto.

Con tus / mis manos
hilando versos entrelazados
negando las aceras duras y grises.

Somos: herederos de los sueños,
caminantes desvestidos de prisas,
viajeros descalzos ante la senda.

Anarquistas paridos de agua,
edificadores de nubes y cielos,
un mapa latiendo en el horizonte.

Somos: un blues desgarrado
cubierto de noche y ron,
el imposible acorde de esta canción.

Los inconscientes pasajeros de esta noche
que nos revuelca y estremece
mas allá de este despistado amanecer.

Somos: el instante febril y acompasado
de esta lluvia de agosto sin voz,
un disparo de amor plácido y sincero.

CARTA ESFÉRICA

Es una carta esférica...

Para que nunca te marches,
para que nunca vuelvas,
para no volver a besarte,
para que no dejes de hacerlo.

Para que mis letras rompan el aire,
para que mi garganta pueda tragar tu ausencia.
Para que tus ojos me ignoren,
para que yo nunca los olvide.

Para que tu egoísmo no me hiera,
para que tu egoísmo te regocije,
para que olvide tus huellas,
para que tus huellas caminen por mi piel.

Es una carta esférica...

Para que nunca acabe este dolor,
para que este dolor sea efímero,
para que nunca leas estos versos,
para que jamás los olvides.

Para fumarme tu alma,
para olvidar tu hierba,
para que nunca escribas "tu libro",
para que lo termines pronto.

Es una carta esférica...
Llena de luna, de sal, de miles de besos ya olvidados
escurridos en las alcantarillas del silencio.

EL AMOR SE HIZO PIEDRA

Bajo la tierra
ajenos al metálico argumento
que exhiben las miradas;
se encuentran ellos.

Ahora que los días
piden asilo y mueren los relojes
convirtiendo en cenizas las caricias de ayer;
brotaron de la nada.

Un abrazo neolítico se muestra
ante ojos sin memoria.

La muerte sucumbió
el amor se hizo piedra.

PEDACITOS

Hay pedacitos –siempre estarás-, risas
dispersas en la estancia donde vivo,
aquí transcurren horas y desganas.

En la columna, un beso de algún jueves
furtivo y fugaz, muerde mi memoria.
Quedan abrazos sobre los papeles,
gemidos desvestidos en la alcoba,
caricias olvidadas en el baño.

Algunos arañazos y bocados
habitan el reloj de arena, danzan
en su leve fluir apasionado.
Un estremecimiento de papel
recuerda recitados: Galeano
y Gabo para siempre pululando.

Hay pedacitos, trozos de este amor
incendiando paredes, denunciando
ausencias y silencios doloridos.

Ni un despojo ha quedado, tengo a fuego
marcados los minutos que desvivo,
ajeno a la presencia de tu voz.

AIRE TIBIO

Me sorprende el silencio de tu ausencia;
ver como todo queda quieto, inerte,
dormido en extrañada extravagancia.
Quedas tú, tan disperso como el aire
tibio, que con frecuencia nos visita
en el sur.

Aún recuerdo pasos y pisadas
resonando en la estancia, también huelo
la cal del viejo patio y sus macetas.
Todavía es posible rastrear
aquella cicatriz de voz suave,
en las viejas paredes sin vestir.

Mientras, la desusada puerta canta
abrazada al compás de nuestro viento,
tan marinero, como delincuente.

PERFECTA GEOMETRÍA

Morir es olvidar unas palabras dichas.
VICENTE ALEIXANDRE


Aquella madrugada fue tu voz
la que dio vida al inmortal chileno,
es esencial –dijiste- no lo olvides.
Luego fue al de Moguer, Machado, Lorca
-de Alberti y Aleixandre eran mis nanas-,
los que me acunarían para siempre.

Hace un siglo que Cronos te vistió
de silencio y distancia en un noviembre
que absurdo y pertinaz quiso embestirnos.

Moriré cuando quieras –me decías-
el hombre es mucho más que los relojes,
transcendemos a cuerpos y almanaques.

En la ventana abierta grita el mar,
y un bocado de viento nos encuentra
dormidos en perfecta geometría.

ARGUMENTOS

La lluvia se mezclaba con los gritos
de los niños, quizás la infantil risa
pondría el combustible, los precisos
argumentos que afirmen nuestra vida.

El silencio de Marta los contempla,
son leves hechiceros de su circulo
imaginario, allí vive la fiesta
el mago con sombrero y su gran brujo.

En la pequeña sombra que la tierra
les devuelve, ellos crecen siempre ajenos
a nuestra sociedad, sin la frontera
de asfalto, de alquitrán y de cemento.

Ellos los niños pueden subir siempre
a una terraza adulta y sonrojar
las mejillas maduras con su alegre
niñez, la ingravidez del colegial.

PERFECTA SOLEDAD

Hoy los sueños pesan,
caminan inválidos
degollando la noche,
reventado los cristales de este amanecer frío,
terrible y doloroso.

Yo guardo mi silencio bajo mi almohada
para que tus palabras no corten
la breve estancia donde mi cuerpo
nunca podrá olvidarte.

Todas las mañanas me mienten,
me arrastran como una vulgar hoja muerta
a un océano encharcado de dudas y abismos ciegos.

Todas las noches me niegan la luna,
dejándome una oscura y amarga esencia.

Las horas se deshilachan, en minutos inertes,
estériles. El tiempo se derrama inútilmente
sobre mi espalda, dejándome...

La perfecta soledad de tu ausencia.

HERIDO

Sobre la tarde duerme una pupila;
de su gris placidez, se han desprendido
los colores, lo breves argumentos
de esta noche y su espada.

Es casi azul la urgencia de tu adiós.
como mediterránea la distancia
que muerde el corazón. No sé llorarte,
tu ausencia me amordaza.

La garganta silencia, narcotiza
el grito y su desgarro, los relojes
continúan el baile funerario,
la esquela del otoño.

Siento un plúmbeo batir de ciegas alas
y una insomne derrota.

DIAGRAMAS

Yo no tengo diagramas que definan
cuánta ternura habita en cada gesto.
No poseo las fórmulas exactas
para medir este dolor nocturno.

Conozco de las lágrimas su noche,
el íntimo discurso de la mar
cuando araña pupilas y mejillas,
pues me encuentro varado en sus arenas

LÁGRIMA DE OTOÑO

Amanece la voz
y el olvido recuerda que te has ido
con la leve cadencia de un susurro.

Las ausencias son pájaros sin alas,
la certeza del barro es el latido
de un cielo moribundo.

Aquella triste noche
nos bebimos la infancia de las flores,
la sal de las heridas y el silencio

Tengo el verso desnudo en tu garganta,
se deshoja la sangre que no quiere
ser lágrima de otoño.

ODA PARA UN PIRATA

Nunca tuve bolsillos para el oro;
Entre mis manos
soporto amargas soledades.
Frecuento los coturnos de la lírica
e intento emborrachar
la cicatriz del corazón,
de madrugada.

No asisto a los templos para orar
ni confieso a sotanas las miserias.
Un cielo, amanecer.
Un infierno, tu piel.
La penitencia, los pecados,
la cuaresma, sentencias anacrónicas
llenas de miedo a ser libres.

Prefiero de las aguas su bravura
el hambriento al banquero,
el sin techo al monarca,
la agitación a la narcosis,
el vino hospitalario,
el ron de los piratas
y los besos, mucho mejor robados.

No soporto el olor de la metralla,
las despedidas, el azote, la ira,
hematomas y banderas,
los pactos con notario,
la cuchillada del cobarde,
le envidia del ufano,
el dalle de la parca.

Decid a mis parientes
que deseo mi ataúd de fuego,
sin velatorios,
como vereda el mare nostrum,
para izar con Salgari
la eterna singladura del corsario.

El único tesoro que conozco
setenta golpes cuenta por minuto.

FUEGUITOS

Somos fueguitos en clave Galeana,
efímeros destellos azules de lluvia y mar,
pequeñas esencias de luz absortas ante un amanecer.

Breves fueguitos habitando relojes
moribundos de un minutero enloquecido.
Escuetos destellos de una luz que tirita en la arena.

Buscadores de gritos desnudos
aguardando la palabra exacta
con la que tatuar el sol en pupilas ajenas.

Somos unas veces los fueguitos, otras las montañas.
El camino preciso para rozar los labios de la luna.
Moradores imperfectos, caminantes descalzos.

El prado verde, el desierto agreste.
Somos el abrigo indigente de la tierra.
Los desterrados hijos de un dios sin Olimpo ni gloria.

El famélico sin plato, la soledad uniformada de prisas,
una leve cadencia de carne apresurada
sujeta al asfalto amargo que nos pare cada mañana.

Somos la aurora de nuestro último día,
el alba emocionante del siguiente.
Un instante de locura y cordura.

Apenas el sencillo discurso de una lágrima,
el sonido redondo de una risa de viento.
Las maletas sin cerrar de un viajero despistado.

El traje de carne que desvestimos y vestimos
de madera y metal para tratar de desorientar
a este corazón de alquiler que se desgañita.

Somos el fin de este folio amarillo
en el que te / os / me escribo
sintiéndome ajeno y partícipe de esta explosión.

FUEGO TENUE

Se nos va, con la pena del verdugo,
fuego débil a veces, otras lumbre.

Apenas una brizna de sol suave
sobre la piel herida por la lluvia.

Se nos va, este bisiesto palpitar
de sueños inquilinos del sopor.

Los tejados extintos de tu boca
el deshojado abrazo de la ausencia.

Se nos va, la inconsciente carcajada
del viento cuando mueren los veranos.

La palabra iracunda y su fusil
que no guarda vigilia para el pobre.

Se nos va, la ternura que dormita
detrás de cada letra emocionada.

La garganta y su voz, todas las sílabas
con sus acentos, marchan cabizbajos.

Se nos va, se adormecen los sentidos
mientras muere este verso desangrado.

LA MEMORIA DEL AGUA

Y el viajero no es más
que ese rostro detrás de los cristales...

ALEXIS DÍAZ-PIMIENTA


Las estaciones son un dolorido
instante que pernocta en la memoria
del agua y del abrazo.

Las maletas esconden huidas
en su interior, quizás nadie repare,
pero los equipajes están llenos
de palabras no dichas
calladas en el último momento.

Viajar es asumir las terminales
renunciar a un regreso,
anunciar despedidas
a media voz, para que duelan menos
los adioses y sus heridas.

Partir es aceptar
unos pasos azules, un dolor en el pecho.

PASAJEROS CLANDESTINOS

Hablen, toquen, respiren, canten, bailen,
sépanse pasajeros sin destino,
sigan, sigan, persistan en su canto,
exhalen, muerdan, griten, emborráchense,
duerman, caminen, besen, especulen,
acaricien, sorpréndanse sin lágrimas,
rían, vayan al cine, escupan, lloren,
discutan, bajen, suban, no trabajen,
mediten, piensen, mientan, amen, viajen,
deshilachen las horas que les sobran,
beban licor, susurren, suden, lean,
disfruten de su carne, giman, fumen,
maldigan al ufano sin piedad,
recen sobre su Biblia, tengan miedo,
créanse eternos siendo transitorios;
y préstenme su tiempo,
su boca y su silencio.

Sientan este sigilo.

Este telón no gasta en bromas, sueñen.

No aguarden más poemas
y procuren llevar algo en metálico.