Sonó absolutamente vertical
el gemido que puso precipicios
por calles donde los jabeques pescan
la luna en los olivos.
En la altitud las azoteas beben
un viento verde
en fugaz retirada de los campos;
allí duerme la plata
y anida el azabache
sobre las flores muertas.
Jaén es un coturno colorista,
un piélago trenzado
de paz vegetal.
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