sábado, 3 de julio de 2010

INGRÁVIDOS

A Barcelona

La prueba más veraz de la impostura
del arte habita en el insomne beso
del asfalto que duerme en nuestras calles.

Encontramos pintores con el párpado
metálico, poetas sin atril,
músicos, escultores, -gratuidad
sin escoplo ni piedra-, silenciosos
mimos de gesto efímero.

Permanecen ingrávidos ajenos
a las tristes esquelas del mañana.
Desvestidos de patrias y banderas,
tienen los ojos encendidos, brillan
bajo el cielo de azufre.

La ciudad solo puede respirarlos
a través de ventanas y balcones.
Son los titiriteros del doloso
alquitrán, los que rompen las rutinas
de plástico y cemento.

Qué sería de ramblas y avenidas
sin el amargo arpegio arrabalero
que entregamos al viento cada día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario