Morir es olvidar unas palabras dichas.
VICENTE ALEIXANDRE
Aquella madrugada fue tu voz
la que dio vida al inmortal chileno,
es esencial –dijiste- no lo olvides.
Luego fue al de Moguer, Machado, Lorca
-de Alberti y Aleixandre eran mis nanas-,
los que me acunarían para siempre.
Hace un siglo que Cronos te vistió
de silencio y distancia en un noviembre
que absurdo y pertinaz quiso embestirnos.
Moriré cuando quieras –me decías-
el hombre es mucho más que los relojes,
transcendemos a cuerpos y almanaques.
En la ventana abierta grita el mar,
y un bocado de viento nos encuentra
dormidos en perfecta geometría.
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