En el sur
los hombres ya no esperan las caricias,
sus brazos son silentes pasajeros
de un cuerpo estremecido y derrotado.
Los sin nombre
esos caminadores desnutridos
de sonrisas, no entienden las palabras
ni los gestos del viento que les ciega.
Solo el hambre
visita las estancias y amamanta
de muerte a transeúntes sin destino,
la estadística muda de los nadies.
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