sábado, 3 de julio de 2010

HABANECE

Amanece dormida,
el malecón bosteza
un buenos días leve
-susurra las palabras-
para no despertar
la mar y su cadencia.

Alborea despacio
y los sueños caminan
con la máscara puesta
sin querer levantar
las dulces ilusiones
de los ojos que lloran

Llega el alba, y las calles
se llenan de esqueletos
que mudos pedalean,
bailan al son amargo
y flaco, tan mezquinos
que pintan las sonrisas.

Esclarece delgada
y su vientre se llena
de barcos, despedidas
y adioses sin azúcar.
No hay ron que narcotice
la herida y su tristeza.

Habanece… en la Habana.

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