Amanece la voz
y el olvido recuerda que te has ido
con la leve cadencia de un susurro.
Las ausencias son pájaros sin alas,
la certeza del barro es el latido
de un cielo moribundo.
Aquella triste noche
nos bebimos la infancia de las flores,
la sal de las heridas y el silencio
Tengo el verso desnudo en tu garganta,
se deshoja la sangre que no quiere
ser lágrima de otoño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario