sábado, 3 de julio de 2010

ODA PARA UN PIRATA

Nunca tuve bolsillos para el oro;
Entre mis manos
soporto amargas soledades.
Frecuento los coturnos de la lírica
e intento emborrachar
la cicatriz del corazón,
de madrugada.

No asisto a los templos para orar
ni confieso a sotanas las miserias.
Un cielo, amanecer.
Un infierno, tu piel.
La penitencia, los pecados,
la cuaresma, sentencias anacrónicas
llenas de miedo a ser libres.

Prefiero de las aguas su bravura
el hambriento al banquero,
el sin techo al monarca,
la agitación a la narcosis,
el vino hospitalario,
el ron de los piratas
y los besos, mucho mejor robados.

No soporto el olor de la metralla,
las despedidas, el azote, la ira,
hematomas y banderas,
los pactos con notario,
la cuchillada del cobarde,
le envidia del ufano,
el dalle de la parca.

Decid a mis parientes
que deseo mi ataúd de fuego,
sin velatorios,
como vereda el mare nostrum,
para izar con Salgari
la eterna singladura del corsario.

El único tesoro que conozco
setenta golpes cuenta por minuto.

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