Mi ciudad permanece anclada al mar,
este mediterráneo que la invita,
y ella recibe el beso de la sal.
El acepta su lengua mineral
Irguiendo su esqueleto ya oxidado,
memoria del pasado mercantil.
El grito libertario que celebra
a los republicanos olvidados,
con voz de mármol blanco clama al cielo
El sol, es carcelero de los días
viste de luz su agreste piel marrón
donde mora el calor y el regocijo.
La lluvia es siempre efímera ocurrencia
nunca interrumpe el ritmo a las aceras,
no detiene el camino de la arena.
Sólo el viento amordaza transeúntes,
traviesa revolera de mi sur,
el viento y su discurso inagotable.
Mi apasionada tierra permanece
absorta en enlutadas soledades
y un palpitar sediento del desierto.
Nuestro sur es el norte, el alimento
de los desheredados, los que callan
un silencio de plástico y banderas.
Para los olvidados es amparo,
el abrazo fraterno de un crisol
de almas esperanzadas y de sueños.
Dibuja caracolas este sur,
sus risas en mi piel incinerada:
Almería, salado manifiesto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario