He bebido tu amargo néctar
compartido la muerte del asfalto,
sus labios de cemento
y el motor derrotado sin el rumbo
preciso, sin ternura.
He mirado los vagos cuerpos
participado siempre de la hiel
y besado el metal
de unos cuerpos sin luz desposeídos
del fuego de la vida.
He sentido el desastre breve
y el áspero motivo enloquecido
de criaturas febriles
sustentadas en dioses de papel
con alas monetarias.
He cincelado el alma dulce
de tus brazos azules.
Tomo mi libertad.
Este suave discurso de mil vientos.
Y asirme de tus alas.
He desvestido el alma, para
emprender el camino verdadero,
el trayecto preciso
que conduce a tu carne dolorida,
donde dejar mi ungüento.
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