Levemente caída, tú, me enseñas
la parte más oculta, ese matiz
mentiroso y mordaz de tu mirada
donde juegas lasciva e inocente.
Se aparta sin derrota la ebriedad
sustentada en papel, que narcotiza
mis sentidos de viejo trotamundos,
y rescata pretéritas tormentas.
No podría morir por esa boca.
que muestras como anzuelo distraído
a este pez rojo, terco y vagabundo;
sin embargo, este cruce de caminos
te dejará mordido el corazón
y el cebo de carmín inmaculado.
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