Hoy las viudas bailan con la historia,
se desvisten del plomo, de los años perdidos.
Tienen los fusilados el son dulce
y los ojos abiertos de asombrada sonrisa.
Hoy mientras tu discurso se diluye
las palabras retornan como un desnudo arpegio.
Regresan los del alba, descreídos,
ebrios de luna y ron. Te piden dos monedas.
No mueren los relojes, ni los días
desamanecen.
No sueña el malecón con la tristeza
de tu garganta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario